EDUCACIÓN PARA LA SALUD: paciente experto

En el mundo de la rehabilitación neurológica, es frecuente encontrarse personas que vienen desesperadas en busca del “milagro de la rehabilitación”. En esa desesperación, delegan en nosotros como profesionales sanitarios, TODA LA RESPONSABILIDAD en el proceso de recuperación.

Eso implica, por un lado, una gran responsabilidad que asume el profesional sobre la evolución del paciente, por otro lado, un gran poder en un vínculo de dependencia paciente-profesional.

Afortunadamente, estas situaciones están cambiando a través de un enfoque “Tratamiento centrado en la persona” que se encuentra en la literatura bajo los siguientes términos:

“client-centered approach,” “patient-centered approach,” “person-centered approach”.

La mayoría tienen en común 2 ideas principales:

  • Aplicar tratamientos individualizados basados, la mayoría de las veces en la evidencia actual
  • Implicación activa de la persona en la selección de los objetivos y proceso de tratamiento.

 

Los profesionales sanitarios seguimos siendo importantes, pero pasamos a ser “ACOMPAÑANTES” en este proceso. La persona asume gran parte de la responsabilidad de este proceso.

“Es más importante y tiene mayor impacto lo que la persona hace en su día a día que lo que puede hacer 2-3 veces por semana en la sesión de tratamiento”.

 

Uno de los principales errores es pensar que el tratamiento “revertirá 100%” la lesión. Es nuestro deber como profesionales sanitarios, explicar al paciente la posible evolución que tendrá y los beneficios reales y no utópicos que le puede aportar el tratamiento.

Después de una lesión el sistema nervioso es plástico y tiene la capacidad de reorganizarse, pero quedarán “secuelas”.

NUNCA volverá a ser el mismo SN que antes de la lesión.

 

Os recomiendo revisar esta información

plasticidad neuronal vs plasticidad funcional

Es importante hacer consciente a la persona del posible pronóstico teniendo en cuenta varios factores como: las características de su patología y secuelas, experiencias y estilo de vida previo a la lesión y actitud para enfrentarse al proceso de rehabilitación entre otras.

 

El paciente requiere de conocimiento para implicarse en el tratamiento. Como profesionales sanitarios todos deberíamos de incluir dentro de nuestras sesiones de tratamiento un tiempo destinado a explicaciones de neurofisiología, neuroanatomía y neuropatología. Dicha información debe adecuarse al nivel del paciente y debe apoyarse de imágenes y vídeos que faciliten la comprensión.

 

El “poder” de los profesionales sanitarios ha sido “el conocimiento”;

y la “vulnerabilidad” del paciente ha sido “el desconocimiento”.

 

Mi experiencia personal después de incluir dicho “conocimiento” en las sesiones de tratamiento ha sido recibir respuestas muy similares: “nunca me lo habían explicado” “ahora puede entender mejor lo que me pasa” …etc.

Quizás debemos reflexionar sobre que está fallando, cuando tantas personas verbalizan esto no, sólo tras un mes desde su lesión sino después de meses e incluso varios años. ¿Nunca otro profesional había destinado tiempo a explicar a estas personas aspectos importantes que les podrían ayudar en su proceso de rehabilitación?

 

Así ha nacido la formación de “paciente experto” que se hace en cada comunidad autónoma desde diversas instituciones, asociaciones, universidades o el sistema sanitario. Es cierto que esta formación aún no abarca todas las enfermedades, pero está creciendo su oferta y demanda.

El resultado directo es que cuando la persona tiene mayor conocimiento, tiene mayor implicación en el proceso de recuperación. Hacemos RESPONSABLE al paciente de su evolución.

Por otro lado, la palabra “paciente” puede mantener a la persona en una sensación permanente de que siempre necesitará tratamiento, se cronifica su situación. En muchos casos se le “encadena“ a una dependencia de las sesiones de rehabilitación. En otros casos, entra en una zona “de confort”, donde como es un “paciente” (padece una enfermedad), está limitado para hacer muchas cosas y es más fácil que otros lo hagan por él. Finalmente nos podemos encontrar con el perfil de paciente que “viene a pasar el rato”, no cree en el proceso de rehabilitación y la familia le “obliga” a ir. En todas estas situaciones la rehabilitación no tiene un efecto beneficioso sobre la persona, pues está no está implicada y se hace responsable del proceso, no hay objetivos terapéuticos.

 

En cambio, si lo sustituimos por “personas con una patología”, habrá temporadas en las que precisen de un tratamiento y otras en las que no, es decir. Ellas mismas, serán capaces de identificar esas necesidades y buscar el profesional más adecuado. Les devolvemos la capacidad de decidir y recuperar o rehacer su vida en esta nueva situación.

En conclusión, el proceso de rehabilitación implica formar/CAPACITAR a la personas (y sus familiares) en su propio proceso de reorganización.

 

Cristina de Diego Alonso

 

Terapeuta ocupacional, Fisioterapeuta especializada en neurorrehabilitación

cristinadediegoalonso@gmail.com

 

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