Inteligencia emocional y social. Parte I. De la teoría al aula.

Se cree que la inteligencia emocional y social son descubrimientos actuales. Sin embargo, esta hipótesis se desmonta al bucear en el pasado y encontrarnos que los siguientes referentes, ya hablaban de inteligencia emocional y social:

El filósofo y cientifico Aristóteles (384 a.c- 322a.c) definió al hombre como un ser social por naturaleza con la intención de constatar que nacemos con la característica social y la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, ya que necesitamos de los otros para sobrevivir. Para Aristóteles el hombre posee una dimensión individual que desarrolla nuestra personalidad o nuestro “ser”, esta dimensión está inserta en la dimensión social del hombre para la convivencia en comunidad desde que nacemos, para el desarrollo de nuestra coexistencia.

El emperador romano Marco Aurelio Antonino Augusto (121 d.c- 180 d.c) apodado el Sabio o el Filósofo. Publicó el siguiente libro “Meditaciones del emperador Marco Aurelio”, fue publicado entre los años 170 y 180 es un tratado de la filosofía del deber y del servicio que describe cómo mantener la ecuanimidad en medio del conflicto, siguiendo la propia naturaleza del ser humano. Alguna de sus reflexiones son:

“La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella, ” .

” Tienes poder sobre tu mente – no sobre  los acontecimientos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás la fuerza.”

En 1647 el jesuita Baltasar Gracián publicó “El arte de la prudencia” colección de 300 aforismos, que contenían el modo de tratar y de controlar las emociones propias y ajenas con el objetivo de conseguir lo que uno se propone.

Los psicólogos Salovey y Mayer en 1990, definieron la inteligencia emocional así:” incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual”. En 1990, publicaron el libro ” Emotional Intelligence”.

Sin embargo, fue Daniel Goleman en 1990 quién despertó el interés general del público por la inteligencia emocional con la publicación del libro “Emotional Intelligence”.Desde mi punto de vista, su éxito no se debe tanto a la novedad del contenido sino a la forma de exponerlo de una forma sencilla y bien argumentada con investigaciones recientes.

Algunas de las conclusiones de este libro son:

La inteligencia emocional es definida por Goleman como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. Capacidad para la auto-reflexión: Identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada.

  • La inteligencia emocional, se puede aprender y potenciar, al responder a la plasticidad cerebral.

Y entonces, ¿de qué va a depender la adquisición de esta inteligencia?Dependerá del entorno social y emocional en el que crezcamos, en el que nos eduquen. Por tanto, la experiencia; como la práctica continuada y el aprendizaje sistemático creará cambios estructurales a nivel cerebral, que nos permitirán ser más competentes en cada una de las cuatro áreas expuestas a continuación.

La inteligencia emocional, se vertebra sobre estas cuatro dimensiones. Siendo necesario ser competentes en cada una de ellas:

  • La autoconciencia hace referencia al conocimiento de nuestros propios sentimientos, emociones y a nuestra capacidad para entender lo que sentimos estando, siempre conectados a nuestros valores.
  • El autocontrol emocional, nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos y emociones.
  • La automotivación. Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la motivación, recuperarse de los contratiempos y gestionar el estrés. En este factor es imprescindible cierto grado de optimismo e iniciativa.
  • Reconocimiento de emociones en los demás o empatia. Las relaciones interpersonales se fundamentan en la correcta interpretación de las señales que los demás expresan de forma inconsciente, y que a menudo emiten de forma no verbal. La detección de estas emociones ajenas y sus sentimientos nos puede ayudar a establecer vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.

En el año 2006 Goldman, publica” Social Intelligence”. Sus investigaciones, cambiaron el foco atencional del individuo a las relaciones interpersonales.

Estas son las conclusiones que se pueden sintetizar :

La inteligencia social es una aptitud que no sólo implica conocer el funcionamiento de las relaciones, sino comportarse también inteligentemente en ellas.

  • Nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás, ya que el mismo diseño del cerebro nos torna sociales, al establecer inexorablemente un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos.
      • Las relaciones positivas tienen un impacto beneficioso sobre nuestra salud. Sin embargo, las relaciones tóxicas, pueden,acabar envenenando lentamente nuestro cuerpo.
      • A mayor vínculo emocional, mayor es el efecto del impacto.Ese puente neuronal nos deja a merced del efecto que los demás provocan en nuestro cerebro y, a través de él, en nuestro cuerpo y viceversa.

Las interacciones sociales o las relaciones sociales , remodelan nuestro cerebro, a través de la neuroplasticidad cerebral, lo que significa que las experiencias repetidas no sólo configuran nuestra experiencia, sino también nuestra biología.Funcionan como moduladores que renuevan de continuo aspectos esenciales del funcionamiento cerebral que orquesta nuestras emociones. Cuando permanecemos conectados con otra persona, nuestro cerebro experimenta dos modalidades diferentes de empatía:

  • Una que discurre a través de la vía inferior discurre por circuitos neuronales que pasan por la amígdala y nódulos automáticos similares. Es una vía rápida, emocional, inexacta e incosciente. Nos permite sentir de inmediato lo que siente otra persona, por tanto tenemos una respuesta emocional.
  • Y otra, denominada vía superior que discurre rápidamente a través de las conexiones existentes entre la corteza sensorial, el tálamo y la amígdala y que determinan una respuesta más racional. Es una vía lenta,racional, exacta y consciente. La vía superior nos ayuda a pensar en lo que estamos sintiendo.

No existe en el cerebro, ningún lugar concreto que se encargue de controlar las interacciones sociales, sino una amplia diversificación de redes neuronales que, aunque fluidas y muy amplias, operan integradamente, de forma conjunta o por separado. dependientes en gran medida, de la actividad social en la que nos hallemos implicados. Sin embargo, los investigadores, han observado  que ante una determinada interacción social, existe un aumento de la actividad en las siguientes áreas:

    • Amígdala. Actúa a nivel social como el “contagio” de los sentimientos ajenos.El hecho de que podamos provocar cualquier emoción en otra persona o viceversa pone de relieve la existencia de un poderoso mecanismo energético que posibilita la transmisión interpersonal de los sentimientos.
    • “Neuronas fusiformes”. Son células exclusivas de humanos. Operan cuando nos vemos obligados a tomar decisiones sociales instantáneas.Área prefrontal (especialmente la corteza orbitofrontal y la corteza cingulada anterior) y determinadas regiones subcorticales (básicamente la amígdala).
    • “Neuronas espejo”. Son un grupo de células que están relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos.

El cerebro social tal vez sea el único sistema biológico de nuestro cuerpo que nos conecta con los demás y se ve, a su vez, influido por su estado interno.

  • Se desarrolló básicamente en las especies de mamíferos que vivían en grupos y evolucionó como un mecanismo de supervivencia.
  • La necesidad de participar en el razonamiento social especialmente, la coordinación, la cooperación y la competencia ha impulsado el desarrollo del cerebro y, en consecuencia, de la inteligencia.
  • Las grandes funciones del cerebro social son, la relación sincrónica, la empatía, la cognición social, las habilidades de relación y la preocupación por los demás apuntan hacia dimensiones diferentes de la inteligencia social.

Las sensaciones resultantes a la interacción social, son muy amplias y repercuten en todo nuestro cuerpo, enviando una descarga hormonal que regula el funcionamiento de nuestra biología, desde el corazón hasta el sistema inmunitario.

Sin embargo, resulta muy contradictorio, que la ciencia abale con las investigaciones recientes la importancia de las relaciones interpersonales, cuando estamos un progresivo debilitamiento de las mismas por el mal uso o abuso de las nuevas tecnologías, que nos llevan al aislamiento social. ¿Qué implica conocer esta información de forma teórica y no hacer ningún tipo de cambio de actitud individual en nuestras vidas (educación, relaciones sociales, relaciones laborales, relaciones familiares…etc)?, ¿Qué consecuencias tiene en el presente y en el futuro?

Si por tanto, la inteligencia emocional y social son capacidades que responden a la neuroplasticidad. Puesto que la inteligencia social, sólo podemos tenerla si hemos desarrollado previamente la inteligencia emocional, las preguntas que nos podemos hacer son ¿Cómo podemos aumentar la inteligencia emocional?, ¿en qué entornos?, ¿a qué edades?, ¿por qué no se le da la importancia que tiene?…etc.

Dado, que la inteligencia emocional, es una capacidad principalmente aprendida, los entornos principales de su desarrollo serán la familia y/o la escuela. 

Ya que el entorno familiar resulta difícil de analizar por la multitud de factores que intervienen en uno u otro tipo de educación, nos centraremos en el entorno educativo de la mano del psicólogo y experto en educación social y emocional, René Diekstra. 

René participa como docente en la formación de Inteligencia Emocional y Social a profesores, y asesora la implantación de programas educativos que desarrollen estas capacidades en el aula. 

Estos son algunos de los errores que se dan en las escuelas de nuestro país: 

  • Su objetivo principal es el desarrollo general del niño, incluyendo los aspectos cognitivos, intelectuales, sociales, emocionales y éticos. Sin embargo las tres últimas áreas no tienen aplicación real en los planes de estudios.
  • Se continúa separando la razón de  la emoción (la razón sin la emoción sirve de muy poco).
  • No se acepta que en el aula se lidia con gran diversidad de emociones. 
  • La jerarquización  de las asignaturas y los contenidos, apenas ha evolucionado. Siguen figurando al final de escalafón las asignaturas de carácter creativo y artístico, y siguen prevaleciendo las de ámbito matemático, científico y lingüístico.

Sin embargo, en la actualidad hay una fuerte tendencia a la formación de los maestros en Inteligencia emocional  y al desarrollo de esta capacidad en las aulas con los niños. ¿Con qué se encuentran estos maestros que tienen inquietud por formarse, implicarse y desarrollar esta capacidad en el aula con sus alumnos? Su trabajo no es reconocido a nivel institucional, puesto que no son competencias que se encuentren dentro de los planes de estudio hecho que resta importancia a su desarrollo y de manera directa, no se da apoyo a su desarrollo.

Por tanto aquellos maestros que deciden individualmente formarse y  llevar a la práctica en sus aulas el desarrollo de estas capacidades merecen que se les reconozca su trabajo, esfuerzo, lucha y valentía al realizar un esfuerzo titanico por el cambio en los planes de estudio. ¿Cómo? Con cambios individuales en sus aulas saliendose de los estipulado en el plan de estudios y creando dinámicas enriquecedoras que les lleven a desarrollar su inteligencia emocional y social de los niños. Obteniendo de esta manera beneficios personales, sociales y laborales.

¿Por qué la escuela como institución no es capaz de realizar estos cambios en los planes de estudios, viendo los beneficios que tiene para el niño? Debido a la estructuración de los planes de estudio, no se dispone del tiempo suficiente, de apoyo y  de financiación. Así como tampoco se sabría hacer ya que el profesorado no tiene formación o asesoramiento al respecto.

Por tanto, la mejor forma de hacerlo sería formar a los docentes ,teniendo clases de habilidades sociales al menos una vez a la semana. En este tipo de sesiones podrían impartirse los siguientes contenidos:

  • Aprender a percibir y gestionar emociones.
  • Aprender a construir y mantener relaciones.
  • Aprender a tomar decisiones responsables y éticas.
  • Aprender a ponerse en el lugar del otro.
  • Aprender a enfrentarse a los conflictos de forma ética y eficaz.

Para posteriormente, implantar en el aula, programas educativos probados científicamente, con el objetivo de desarrollar en los niños las habilidades de la vida, como son la destrezas social, emocional, moral y ética. De esta manera, se complementarán  y optimizarán las habilidades cognitivas e intelectuales presentes en otras materias.

Debería ser una prioridad enseñar a los niños a autodisciplinarse, a aplazar la recompensa y los pequeños placeres con el fin de lograr un objetivo más relevante o de mayor sentido”

” Estamos impidiendo que los niños y jóvenes tengan un desarrollo óptimo cuando les privamos del aprendizaje social y emocional”.

Estos programas educativos tienen las siguientes características generales: 

  • La edad que comprenden es de los 2 a los 18 años.
  • Tienen por objetivo el desarrollo en el niño de los  aspectos sociales, emocionales y éticos mediante la educación emocional y social 
    •  Aprender a percibir las emociones, a conocerlas, a expresarlas y gestionar las emociones .
    • Aprender a interpretar las emociones de otros, mejorando de esta forma su capacidad de construir relaciones con otros y empatizar.

La educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar la personalidad, aptitudes y la capacidad física y mental hasta el máximo de sus capacidades. Convención del niño de 1990. ¿ Qué parte de esta convención se está desarrollando en las aulas?

¿Qué repercusiones tiene en el  futuro que un niño haya desarrollado inteligencia emocional ? Al desarrollar la inteligencia emocional sabrá percibir las emociones, expresarlas, interpretarlas  y gestionarlas  de forma eficaz. Obtendrá probablemente  mejor rendimiento académico, mejorará su capacidad de empatizar y de relacionarse con los demás y estará más preparado para la vida laboral. 

¿Que repercusiones tiene en el futuro que un niño haya desarrollado la inteligencia social? Tendrá mejor salud física, salud mental, mejorará las relaciones con los demás, son capaces de enfrentarse de forma ética y eficaz a los conflictos entre sus iguales y reducirán sus comportamientos antisociales.

Los beneficios de los programas para el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales han sido testados en siete ámbitos diferentes:

  1. Desarrollo de habilidades sociales.
  2. Reducción de comportamientos antisociales.
  3. Disminución de consumo de drogas.
  4. Incremento de la autoimagen positiva.
  5. Aumento del éxito académico.
  6. Mejora salud psicológica.
  7. Incremento del comportamiento prosocial.

Los niños que desarrollan sus habilidades sociales y emocionales son capaces de identificar estados como la depresión, el miedo al fracaso o la ansiedad. Cuando terminan estos programas están mucho más capacitados para distinguir sus metas (como qué quieren ser de mayores) y saben cómo actuar para conseguirlo.

Existen además  programas de habilidades sociales específicos que ayudan  a enfrentarse a problemas afectivos graves (suicidios, ansiedad).

Para terminar, me gustaría hacer una reflexión final. ¿Quién/es son responsables de desarrollar la inteligencia emocional y social en los niños? Esta es una responsabilidad compartida entre políticos, los cuales deberán escuchar activamente  las demandas de los profesores con el objetivo de modificar y mejorar los planes de estudios en las escuelas al incluir dentro de los programas educativos la inteligencia emocional y social, los profesores al tomar parte activa formándose en inteligencia emocional y desarrollando estas capacidades en las aulas con sus alumnos y en los padres de estos niños, al educar a los niños en estas habilidades. En caso de no tener herramientas, será responsabilidad de los padres, el formarse en educación emocional. 

La calidad de vida de un individuo depende de su capacidad para sentir sus emociones de forma adecuada y para regularlas en respuesta a las circunstancias estresantes”. Editorial Nature Neuroscience . Septiembre 2007

En resumen: 

  • La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.
    • Dependerá del entorno familiar, social y educativo en el que crezcamos.
    • La inteligencia emocional, se puede aprender y potenciar, al responder a la neuroplasticidad cerebral.
  • La inteligencia social es una aptitud que no sólo implica conocer el funcionamiento de las relaciones, sino comportarse también inteligentemente en ellas.
    • Somos seres sociales, al establecer un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos.
    • Dependerá de tener  inteligencia emocional y de las interacciones sociales. (Receptividad social del cerebro).
    • No existe en el cerebro, ningún lugar concreto que se encargue de controlar las interacciones sociales, sino una amplia diversificación de redes neuronales
    • La inteligencia social, se puede aprender y potenciar, al responder a la neuroplasticidad cerebral. 
  •   El desarrollo de la inteligencia emocional y social en el aula implica:
    • Formar a los profesores en inteligencia emocional y social.
    • Implicación política en la educación, al modificar los planes de estudios actuales.
    • Implicación de los padres en la educación emocional y social de sus hijos.
  •  Los beneficios de los programas para el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales han sido testados en siete ámbitos diferentes:
    1. Desarrollo de habilidades sociales.
    2. Reducción de comportamientos antisociales.
    3. Disminución de consumo de drogas.
    4. Incremento de la autoimagen positiva.
    5. Aumento del éxito académico.
    6. Mejora salud psicológica.
    7. Incremento del comportamiento prosocial.

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Estela Diges Montoya. Fisioterapeuta experta en Neurología e Inducción Miofascial.

 

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